CULTURA

LA CARTA QUE NO LLEGÓ

La noche se parte en sus hexámetros horarios, y el insomnio se asoma a la madrugada que se vislumbra a seis husos ecuatoriales. Recuerdo que a mi hija mayor y a mi nieto Juan Diego, ya les clarea el viernes a orillas del Cantábrico.

Me quedé pensando ayer en que los últimos días de don Simón de la Trinidad Bolívar y Palacios Blanco, ya novelados por don Gabriel, por don William y por algunos otros, bien aceptarían un texto que pinte sus postreras inquietudes amorosas, ya que las del combate por la Libertad las había cruzado tan triunfante como envidiado y envilecido por la vileza que quizá previó, como lo dijo a su prima, “a los lampos de un sol de Primavera”.

Quizá el fardo de traiciones, infortunios y desilusiones que la vida le dejó como reconocimiento a su gesta, no haya sido tan pesado y agobiante como para que le oscurecieran el paisaje de primavera que le dibujó a su América demasiado temprano para que su hija amada lo reconociese y aprovechara.

En fin, quizá sirvan de prefacio a una noveleta, a una crónica o a un relato, las líneas que la leyenda mítica de la Carta a doña Fanny de Villars, me han sugerido. Son estas y pido perdón por el atrevimiento irrespetuoso con el vencedor frustrado pero también constructor de la América del Sur. Tal vez los cimientos que dejó, profundos, a lo largo de los Andes norteños, aún puedan servir de base para el Edificio del mañana suramericano. Si el Gran Enemigo y sus mendicantes siervos, no lo impiden.
Se sabe que era feúco, bajo (1.67) pero que su intensa mirada y su labia tan conquistadora como su espada, le atrajo en su corta vida amorosa 35 amantes entre Europa y América Latina. Se casó joven, 19 años, enviudó a los 27 y jamás se quiso volver a casar. Tal vez por eso, su energía vital tuvo que remplazar el matrimonio por la Libertad de 5 naciones y el lecho de 35 amantes. No es del caso resumir su biografía. Ahí están algunas y está Google para los apurados. Yo voy a otra cosa. Que, caray, también tiene que ver con damas.

No fue un Escritor Literario sino un escritor Político, aunque su Delirio en el Chimborazo puede pasar por un texto de la mejor literatura. Ahí están sus Proclamas, la Carta de Jamaica, su Mensaje al Congreso de Angostura, en fin. Su última proclama, al borde de la muerte en San Pedro Alejandrino.

Pero creo que fue un escritor romántico. No conozco sus cartas, si las hubo, a Nicolasa y Bernardina Ibáñez, ni las que tal vez dirigió a la dama guayaquileña que forma parte de su historial romántico (de apellido Garaicoa, si mal no recuerdo), aunque sí algunas de las que envió a Manuelita, quizá las más conocidas.
Pero hay una, hermosa aunque dicen que es apócrifa, que dirigió como última carta de amor a su prima francesa Fanny Louise Troubiand Aristagueta Du Villars. Es la que me ocupa. Su último párrafo es no solo romántico sino político, y hermoso. Me gustaría que fuera real…

“Me tocó la misión relámpago. Horadar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo, y tornar a perderse en el vacío”.

A cuántos grandes no les ha tocado y les tocará ese mismo destino de ingratitud y bajeza por parte de sus mismos pueblos beneficiados con su caminar…

LA CARTA QUE NO SE ESCRIBIÓ

Dicen que no la escribió. Dicen que la escribió, pero nunca la envió. Dicen que la escribió y la envió pero ella no la recibió. Dicen que la escribió, la envió, ella la recibió pero no la contestó. Dicen que la escribió, la envió, ella la recibió y la contestó, pero su respuesta llegó a Santa Marta después del 17 de diciembre de ese año postrero.

Dice, también, el historiador venezolano Néstor Abad Sánchez, que la carta es apócrifa porque, “me resultaba imposible imaginarme a un Bolívar tan romántico y zalamero a las puertas del sepulcro; era demasiado “Fuego Sagrado”. Como si ser el Guerrero de América, el libertador de 5 naciones, el hombre de acción y de batallas con sus victorias y sus derrotas, le impidiera ser, en la intimidad de una carta de amor en el postrero instante, el hombre romántico, apasionado y amante que la carta declara. Y que bien conocieron sus amantes y, sobre todo, su Manuela Sáenz, la Quiteña Libertadora del Libertador.

La carta es, quizá, el mejor argumento del mito. Algún otro historiador, que la historia no recoge, asegura que la respuesta fue recibida por su edecán, supo de ella el Cura confesor, y la confiscó. Conocedor de ambas familias, la del escritor remitente y la de la familia de la amada, no quiso prestarse a que su publicación manchara el honor del héroe ni la honra de la dama. Y la escondió…

No puedo asegurar, pues no soy historiador sino curioso de esos amores inmortales, si la carta es apócrifa o es real. Solo puedo decir que me emociona… Y que quisiera que fuese cierta y real y hubiera llegado a su destino…

CARTA DE SIMÓN BOLÍVAR A FANNY DU VILLARS

Querida Prima…

Te extraña que piense en ti al borde del sepulcro..?

Ha llegado la última aurora; tengo al frente el mar Caribe, azul y plata, agitado como mi alma por grandes tempestades; a mi espalda se alza el macizo gigantesco de la sierra, con sus viejos picos coronados de nieve impoluta como nuestros ensueños de 1805; por sobre mí, el cielo más bello de América, la más hermosa sinfonía de colores, el más grandioso derroche de luz…

Y tú estás conmigo, porque todos me abandonan… Tú estás conmigo en los postreros latidos de la vida y en las últimas fulguraciones de la conciencia…

Adiós Fanny… Esta carta llena de signos vacilantes, la escribe la misma mano que estrechó la tuya en las horas del amor, de la esperanza, de la fe; es la letra escritora del Decreto de Trujillo y del mensaje al Consejo de Angostura…

No la reconoces, verdad..?  Yo tampoco la reconocería si la muerte no me señalara con su dedo despiadado, la realidad de este supremo instante…

Si yo hubiera muerto sobre un campo de batalla, dando frente al enemigo, te daría mi gloria, la gloria que entreví a tu lado, a los lampos de un sol de primavera…

Muero despreciado, proscrito, detestado por los mismos que gozaron mis favores; víctima de intenso dolor, presa de infinitas amarguras.

Te dejo mis recuerdos, mis tristezas y las lágrimas que no llegaron a verter mis ojos…

No es digna de tu grandeza tal ofrenda..?

Estuviste en mi alma en el peligro; conmigo presidiste los Consejos de Gobierno; tuyos fueron mis triunfos y tuyos mis reveses; tuyos son también mi último pensamiento y mi pena postrimera…

En las noches galantes de La Magdalena, vi desfilar mil veces la góndola de Byron por los canales de Venecia; en ella iban grandes bellezas y grandes hermosuras, pero no ibas tú: porque tú has flotado en mi alma, mostrada por níveas castidades…

A la hora de los grandes desengaños, a la hora de las íntimas congojas, apareces ante mis ojos moribundos con los hechizos de la juventud y de la fortuna; me miras, y en tus pupilas arde el fuego de los volcanes; me hablas, y en tu voz oigo las dianas inmortales de Junín y Bomboná…

Adiós Fanny… Todo ha terminado… Juventud, ilusiones, sonrisas y alegrías se hunden en la nada; sólo quedas tú como visión seráfica, señoreando el infinito, dominando la eternidad.

Me tocó la misión del relámpago: rasgar un instante las tinieblas, fulgurar apenas sobre el abismo, y tornar a perderse en el vacío…
Adiós..!

Simón Bolívar, 16 de diciembre de 1830.