De la continuidad al continuismo

El diccionario de la Lengua Española es preciso en la diferenciación entre los dos términos del título: Continuidad y Continuismo. Dice el Diccionario que Continuidad es: 1) la Unión natural que tienen entre sí las partes del Continuo, y 2), la Cualidad o condición de las funciones o transformaciones continuas. Y dice que Continuismo es la forma en que el poder de un político, de un régimen, de un sistema, etc., se prolonga en el tiempo sin señales de cambio o renovación.

En la política o, mejor dicho, en la administración Política del Estado Ecuatoriano desde su creación hace ya casi dos siglos, el 13 de mayo de 1830, ha existido casi sin variantes ni cambios renovadores, un continuismo en la práctica gubernamental de sujeción irrestricta al Sistema Capitalista de Gobierno del Estado. No obstante intentos revolucionarios o de cambio estructural como la Revolución Alfarista que se inició con la insurrección del 5 de junio de 1895 y como la Revolución Juliana de 1925, que mantuvo su iniciativa de cambio hasta 1931.

Tendrían que pasar 75 años para que un nuevo intento de cambio y renovación, no de Revolución aunque este haya sido su nombre político, apareciera en 2006 en el panorama nacional: la Revolución Ciudadana, de la mano de un nuevo líder llegado de la Academia pero sin suficientes credenciales políticas ni experiencia en el enmarañado y oscuro mundo de la política criolla: Rafael Correa Delgado. El novel político ganó democrática y sobradamente las elecciones de ese año con un electorado cansado del CONTINUISMO NEOLIBERAL, pero ansioso de otro Proyecto Político que tuviese en cuenta, no solo lo Económico y el subsecuente Crecimiento del país a favor de las altas clases dirigentes dueñas de todo el aparato productivo nacional, sino también, y de preferencia, lo Social, con una mayor atención a las necesidades de las masas populares y de los sectores estratégicos del andar nacional.

Diez años, hasta 2017, duró este nuevo intento de cambio estructural, pues en las elecciones de ese año la inexperiencia del líder, su excesiva confianza en los políticos de viejo cuño que lo acompañaron o que se habían agazapado detrás de los nuevos nombres, la deserción de algunos de los nuevos que adhirieron al Proyecto pero se sintieron defraudados cuando se percataron de que el Líder tenía su Propia Agenda de Gobierno y no aceptó la que le quisieron imponer, dieron al traste con la iniciativa de la Revolución Ciudadana, no perdedora este año sino paradójicamente ganadora en los comicios, pero traicionada rápidamente por quien Rafael Correa había elegido para ser el Candidato de la CONTINUIDAD, Lenin Moreno Garcés, su Primer Vicepresidente.

Con un plan escondido pero la “lealtad” visible en la mano, Lenin Moreno tomó la posta de la Revolución Ciudadana. Pero la vieja Partidocracia, que ya lo tenía en sus manos, sea por coincidencias ideológicas o por su oportunismo o por tener en el armario secretos inconfesables harto conocidos por la Derecha tradicional, tradicionalmente corrupta en su gestión de dos siglos, y por la Derecha Delincuencial que lo empezaron a acompañar, el Plan Social de la Revolución Ciudadana dio el traspié necesario para que la pretendida CONTINUIDAD de un Proyecto Político cercano a los intereses populares, fuera rápidamente remplazado por el CONTINUISMO de una manera de Gobernar ya familiar en la historia del país: el control del Estado por las Altas Clases Dirigentes económicas y sociales, con el sempiterno apoyo de la Jerarquía Eclesiástica Católica, muy lejana ya de sus antiguos pastores ideológicos Monseñores Leonidas Proaño y Alberto Luna, y con el respaldo de las sectas cristianas que poco a poco avanzan en la reciente recatequización de un pueblo no reeducado nunca en los caminos de la Ciencia y la Razón.

Sin embargo de que los tres intentos de cambio lograron notables avances políticos, sociales y económicos a favor de las clases más desfavorecidas, el Estado Ecuatoriano aún no ha podido salir del Sistema Capitalista de Mercado. Las tres revoluciones trataron, sí, de menguar, en beneficio de las masas trabajadoras, el dominio que sobre el Estado ejercían terratenientes, industriales, comerciantes poderosos y la banca, con el apoyo de los poderes fácticos de los Medios de Comunicación, siempre en manos de la empresa privada, en un contrasentido profesional y ético evidente puesto que la Información es un Derecho Ciudadano, no un negocio particular que convierta la noticia en mercancía.

Que es lo que ocurre desde los inicios mismos del periodismo ecuatoriano, aunque las Primicias de la Cultura de Quito, del Fundador Eugenio Espejo, haya puesto un ejemplo de solidaridad y cercanía con la gente del común, ejemplo que en adelante fue desestimado y proscrito para convertir al Periodismo en actividad empresarial privada y rentable.

Así las cosas, el País Nacional regresa al viejo País Político en manos de las Élites, con la voz cantante de los EE UU en las decisiones nacionales que involucran sus intereses geopolíticos y económicos en la Región Sudamericana, y con la vieja CORRUPCIÓN de esas Élites, corrupción que hoy, con todo el poder político, económico y jurisdiccional en sus manos, tratan de tapar con un manto bastante sucio, percudido de mañas, vendiendo la Idea de que son ellos, los viejos corruptos, los hoy nuevos Honestos del país, y que la CORRUPCIÓN, SU CORRUPCIÓN TRADICIONAL, no fue de ellos sino un Invento del Proyecto de Cambio de la Revolución Ciudadana.

Sin PRENSA para desmentir o al menos controvertir ese tinglado de falsedades, de nuevo el CONTINUISMO remplaza la CONTINUIDAD, y el país y sus habitantes vuelven a las viejas prácticas de Gobernar para los menos y para el Imperio, mientras las mayorías sobreaguan en medio del lodazal, y las clases medias se esconden tras los tuits de Protesta, con la ineficaz herramienta comunicacional: Las Redes Sociales. Ese posmoderno remplazo del Periodismo de Verdad.

Cerca ya de las elecciones que en marzo de 2019 designarán las nuevas autoridades seccionales de provincias, cantones y parroquias del país, sería procedente y positivo que el elector decida si su prefecto, alcalde o junta parroquial, estén o sigan en manos de quienes han luchado o no, han trabajado o no, por los intereses de la ciudadanía en su totalidad, y hayan mostrado o no la conciencia social que debe ser el Norte de las nuevas autoridades nacionales.

Quienes durante varios años han hecho obra pública y gobernado para todos a pesar de las limitaciones presupuestarias o de competencias, son claramente identificables.

El Elector tendrá, en marzo de 2019, la oportunidad de elegir entre LA CONTINUIDAD de una buena labor, o el regreso al CONTINUISMO de las viejas mañas de la Política para los elegidos.